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sábado, 30 de abril de 2011

Salón Atlántico de Logística y Transporte SALT 2011


No os voy a contar el madrugón a las 6 de mañana, la carrera al aeropuerto a las 7 (da igual si vas con tiempo de sobra, siempre es una carrera), el vuelo de las 8 (que salió tarde), coger una guagua (9:30) a la central de San Telmo, coger otra guagua (10) hasta la dichosa feria, para llegar a las 11.

Uno por uno paro en todos los puestos (me cuesta llamarlos "stands"). No les engaño, les digo que voy a ir a todos, o sea que no se asombren si me ven en el siguiente preguntando lo mismo. No había muchos "stands", la verdad es que aquello era pequeño, pero me los curré a todos.

Muy buenas palabras pero nada más. Me esperaba conseguir unas cuantas hojas de tarifas generales y otro montón de tarifas específicas pero la cantinela era solamente "tenga nuestra tarjeta, llámenos o mándenos un correo". Joder, eso ya lo podía haber hecho desde casa.

A la vuelta, otra guagua a San Telmo (El Hoyo) y otra al aeropuerto. Sólo me traje un montón de folletos y tarjetas y un dolor de pies.

Es curioso que cuando te piden una tarjeta, el CIF, la dirección de la empresa o cosas así y les dices que estás haciendo el plan de negocio y el estudio de mercado, dan un paso para atrás y ya te tratan como a un crio, te ofrecen un caramelo, un llavero o una pulserita corporativa y pasan de tí y se ponen a hablar con algún amigo. A punto estuve de perder los pocos modales que tengo y decirles un par de cosas.


sábado, 9 de abril de 2011

SEUR


El otro día fuí a una charla que organizaba la Cámara de Comercio. Uno de los conferenciantes, José Valle, nos presentó SEUR como una maravilla del mundo desarrollado, como un socio amoroso, me enamoró.
Mi idea de empresa iba a necesitar logística así que al día siguiente fuí al encuentro de mi amor: SEUR.
Por el camino, encontré un reapartidor y le pregunté dónde tenían la sede y me dijo que en un polígono en el quinto pino pero que me ahorrase el viaje porque el director estaba de viaje y el comercial (vendedor) tampoco.
Pues nada, plantón en la primera cita, lo dejé para la semana siguiente. Antes de ir, para asegurar el viaje al polígono del quinto pino, les telefoneé y me dijeron que el director seguía de viaje y el comercial tampoco; me recogieron el recado y me llamarán lo antes posible.
A la siguente semana no me habían llamado, aquel amor a primera vista se estaba enfriando.
Fuí a su oficina. Me atendió la recepcionista. Cuando la empecé a explicar todas las tarifas que quería (las quería todas) me dijo que eso mejor lo trataba más detalladamente con el comercial. Lo malo es que el comercial estaba ocupado con una llamada. El director, por descontado, estaba de viaje. Esperé un rato y al parecer el comercial seguía ocupado con la llamada, que era mucho más importante que yo; y no había nadie más en todo SEUR que me pudiese atender. Dejé de nuevo mi número y de nuevo la promesa de que me llamarían lo antes posible.
Ha pasado otra semana, el amor se ha vuelto odio, ya no quiero nada con SEUR. Ya sé que no soy nadie, ya sé que de momento no tengo ninguna empresa y es posible que nunca la tenga, pero como la tenga, mucho tiene que cambiar SEUR para que haga negocio con ellos. Además, mejor, hala; no puede ser bueno mandar una paquete a través de una empresa que no te atienden, que no te llaman y que su jefe está siempre de viaje.